lunes, febrero 21, 2011

El riego

Es por todos conocido que el agua es la sangre de la tierra. De ella dependen todas las plantas para vivir, y lejos de ser una ciencia exacta hay muchos factores que influyen en su correcta gestión. El tipo de plantas y jardín que regamos es determinante. Existen plantas que requieren mas agua que otras por su propia naturaleza y es recomendable tener en cuenta esta cualidad a la hora de diseñar y remodelar un jardín.

Las plantas agradecen que el suelo del cual reciben sus nutrientes tenga un contenido adecuado de agua. Nunca encharcado y tampoco disecado. Y esta capacidad de retención del agua esta directamente relacionada con la naturaleza del suelo -encontramos suelos arcillosos, muy impermeables y que requieren poco riego, suelos arenosos o volcánicos en los que el agua fluye hacia niveles inferiores y donde podemos regar todos los días sin que se forme un charco, y por supuesto la mayor parte de los suelos que consisten en una mezcla variada- y especialmente con su contenido de materia orgánica: Cuanto mayor es la presencia de la materia orgánica, mayor capacidad de retención del agua, es decir, un deseable "efecto esponja" que se aplica a cualquier tipo de suelo. Y por supuesto esta el clima, lluvia y viento y demás factores que nos hacen estar atentos para equilibrar y aprovechar sus efectos.

Aprender a experimentar en cada lugar hasta encontrar un equilibrio es una acción imperante para cualquier jardinero. Una tierra arcillosa puede parecer a simple vista seca cuando en realidad la humedad a unos pocos centímetros de la superficie es alta. El efecto de la radiación solar directa en un suelo desnudo, junto a el efecto del viento seco pueden disecar en pocas horas un jardín. Así pues regar es un arte que vamos aprendiendo poco a poco y que tan solo con la experiencia podemos aprender. Las plantas también nos informan sobre la necesidad de mas o menos agua, disecándose desde las puntas exteriores en su ausencia extrema y pudriéndose desde el interior cuando existe exceso de agua.

Los sistemas de riego automático consisten en una buena opción para el mantenimiento pero nunca pueden sustituir la experiencia directa y deben ser constantemente supervisados y ponderados a las condiciones climatológicas variables.