domingo, febrero 22, 2009

Agricultura de bajo consumo energético.

Hace poco tiempo tuve el placer y privilegio de visitar durante una semana las tierras del sur de Marruecos que -a medida que conducíamos hacia el gran sur- iban cada vez caracterizándose mas hacia una condición desértica de manera gradual. Desde Agadir nos adentramos en el Anti Atlas para finalmente llegar hasta El Aaiún, antigua colonia Española en el Sahara Africano. Este recorrido -a golpe de coche y con la buena suerte de estar en un "año bueno", es decir, de aquellos en los que el otoño ... invierno ... deja "abundantes" lluvias, permitiendo que las cosechas recién plantadas enraícen en el terreno y que el ganado -cabras y camellos principalmente- tenga materia vegetal para comer y así dar su preciada leche-, causó en mi profunda impresión.

En primer lugar, podemos decir que los pueblos y personas que -mas allá del incipiente turismo del cual participo y la consecuente entrada de divisas- viven en gran medida (50%?) de la agricultura y de la pesca. Respecto a la agricultura, cabe decir que vi mujeres trabajando en las labores de siembra. Aljibes de riego encontramos pocos -aunque siempre presentes-, y menos aún sistemas de riego con fuerza eléctrica; y como sucedió desde siempre, el agricultor/a se convierte en un experto meteorólogo. Debe acertar bien con su calendario ancestral de siembra pues equivocarse puede significar perder -en gran medida- la cosecha entera nada mas empezar. El laboreo de la tierra se reduce a pequeños surcos que cubren extensiones grandes, parcelas de las que cada agricultor se responsabiliza. Los viernes por regla general se cambia de todo en la calle central del pueblo mas cercano. Cada uno trae lo que tiene y lo compra-vende-cambia según su valor relativo (¡ya sé que el valor es siempre relativo pero hay que insistir!)

Por otro lado en anteriores artículos de este blog hemos expuesto de manera rudimentaria las teorías de nuestro buen maestro Fukuoka y sus cuatrro principios de la agricultura natural. Esencialmente nos habla de sobre como debemos aprovechar o sintonizar con las lógicas de la naturaleza en nuestro favor para las cosechas. Gracias a pequeños gestos -uso de cubierto, aumento de la biodiversidad, etc...- la productividad del suelo y la capacidad de retener agua -por ejemplo- aumentan espectacularmente, a la par que una resistencia excepcional a los fenómenos de plagas debido a la suerte de ausencia de "nichos ecológicos" tan comunes en nuestras antiguas prácticas insecticidas sistemáticas.

En fin, el caso es que tras ver como funciona una agricultura "de subsistencia" no subvencionada y esencialmente efectiva en su balance energético, mis antiguas ideas sobre la dificultad de alimentar al gran contingente de personas que la "revolución verde" química a criado (en los lugares "privilegiados?" del planeta se consumió) quedan fundamentalmente obsoletas. Se puede -por supuesto- y se hará. Tan solo no se si muchos vamos a tener las ganas de hacerlo. Dependerá del hambre, supongo.