jueves, diciembre 11, 2008

Capitulo IX: Alabanza a las malas hierbas - ALWIN SEIFERT

Hace mucho tiempo realizaba por Suabia un viaje de estudios con unos jóvenes arquitectos paisajistas acompañados por sus esposas. Una noche, cenando en una fonda, uno de los jóvenes me pidió que diera una charla en honor a las damas. En estos casos se trata de decir cosas mas o menos divertidas, halagos mas o menos sosos.

Sin sopesar los riesgos, me puse a hacer un discurso sobre las malas hierbas. Claro, ello me valió algunas miradas pasmadas, sin embargo empezaron a haber signos de regocijo en las caras a medida que iba aportando pruebas a la observación científica de que estas hierbas son plantas medicinales.

¿Cuántos hortelanos estarán de acuerdo conmigo y dejarán de maldecir esas plantas diabólicas que hacen tan duro el trabajo del huerto? Del mismo modo que los parásitos no son otra cosa que los guardianes de la salud, encargados de hacer respetar las leyes de la naturaleza y de suprimir todo aquello que sea débil o enfermizo, para dejar espacio a lo que tiene la capacidad de adaptarse a un medio dado, la naturaleza dispone de malas hierbas para restablecer el equilibrio trastornado por toda clase de errores de cultivo.

Para comprender esto no hay ninguna necesidad de instituto científico, cromatografías ni microscopios.

Por ejemplo, se acaba de abrir un camino o una zanja a través de un campo o prado. Sobre los montones de tierra vegetal que han quedado allí, no crecen las plantas que cubren los prados de donde se ha sacado esa tierra. Diríase que a esas plantas ni a su simiente les gusta la tierra revuelta; en su lugar multitud de hierbas que estaban ausentes hacía decenas de años: nomeolvides (Myosis), manzanillas, ranúnculos, cardos, bistorta, etc. Todas crecen espléndidamente y producen semillas en abundancia. Uno se pregunta con inquietud a dónde llegará todo esto. Pero ¡qué sorpresa! al año siguiente la cantidad disminuye, y hacia los tres años los montones están cubiertos por las plantas de los prados de su alrededor. Las hierbas han restablecido espléndidamente el equilibrio en la tierra cuya rica y sensible vida microbiana había trastornado la brutal intervención humana.

El lector que recuerde la función reguladora que he atribuido al compost, se preguntará si éste a su vez no favorece las hierbas en el huerto. Puede tranquilizarse.

He observado con detenimiento el comportamiento de las hierbas en mi nuevo huerto, allí donde el anterior arrendatario había volteado la tierra dejándola desnuda.

Aparecieron seis cardos por metro cuadrado ¡cinco mil en total! ¿De dónde habían venido? No hay mas que prados y bosques en varios kilómetros a la redonda. Arranqué los cardos y los llevé al montón de compost. Al año siguiente no había mas que un cardo por cada 10 metros cuadrados, y si actualmente quiero encontrar uno, es casi como buscar un trébol de cuatro hojas.

En el primer año de cultivo aparecieron diversas plantas muy vigorosas y tenaces: ránculo, menta campestre, nomeolvides, persicaria acederifolia (Polygonum lapathifolium), todas indicadoras de una tierra húmeda y compacta. Alrededor solo hay prados en los que estas hierbas no crecen, pero toda tierra posee una rica provisión de semillas hierbas que crecen en función de las necesidades.

Mi compost consiguió mullir la tierra, al menos durante los periodos secos. Algunas hierbas tenían raíces muy fuertes, por lo que tuve que arrancarlas. De manera bastante brusca hicieron su aparición en gran cantidad y verónica parsa en las parcelas de patatas, donde la tierra había sido trabajada mas intensamente, demostrando la existencia de un limo humífero; de ninguna manera podían venir del montón de compost.

En el cuadro en que tenía por costumbre sembrar preferentemente la patata temprana Saskia, en 1964 tuvo lugar una súbita invasión de soldado galante (Galinsoga parviflora), importado sin lugar a dudas con las patateras de otro cuadro. A causa de su densidad, las hierbas apenas podían secarse, lo que hubiera favorecido el mildiu (Phytophthora) así que las arranqué y las tiré al montón de compost. A partir de entonces, han desaparecido casi por completo de todo el huerto.

En 1956 hicieron su aparición, aquí y allá, las hierbas siempre presentes en los campos de patatas: el cenizo (Chenopodium album) y el armeuelle (Atriplex); al año siguiente apareció una hierba nueva y rara: el Amaranthus viridis. De repente surgió en todos los cuadros, siempre aislado. ¿De dónde vino? ¡En todos los alrededores no hay ninguno!

A partir de 1970 también esa hierba se volvió muy rara. Predominaban los murajes cubriendo el suelo hasta donde se encuentran las patateras y llegando a suprimir así a las otras especies. Después de la cosecha, sacamos la mayor parte con un rastrillo.

Quien tema que su compost lleve a sus cuadros semillas de hierbas, que no introduzca en él hierbas granadas. Todas las hierbas de sus campos y de su huerto, transformadas en compost, ayudarán a mejorar la tierra de manera que ésta !ya no las necesitará más!

Si el compost hace aparecer hierbas es porque despierta la tierra, multiplicando los microorganismos, y de esta manera la vuelve capaz de acelerar su restablecimiento.

La tierra restablecida producirá vegetales tan sanos que ningún parásito podrá atacarles. La fuerza curativa de las hierbas se trasmite a las plantas por medio del compost y de la tierra. Y ya decía Paracelso que nuestro alimento debe ser nuestra medicina.

Numerosas cartas de viejos hortelanos vinieron a confirmar mis observaciones personales, según las cuales los vegetales cultivados en tierras nutridas con compost fabricado con las hierbas, son verdaderos medicamentos. Solo así explico mi propio estado de salud: a pesar de un trabajo físico e intelectual excesivo, a los ochenta años me encuentro mas activo que a los sesenta, mis diseños son mejores que los de antes, y mis antiguas dolencias, acompañadas de dolores continuos, han desaparecido. Y no soy el único en mantenerse bien. Tenemos un excelente chow-chow guardián. Alguien dijo un día a nuestra mujer de la limpieza: "He visto a una chica correr por sus campos con un chow-chow". La chica era mi esposa y tenía entonces sesnta y ocho años. Hoy, a los setenta y dos, corre tan rápidamente como entonces.

Es evidente la sabiduría de los antiguos cuentos de hadas. Las hierbas son verdaderos enanitos de los huertos, los verdaderos pequeños ayudantes de las familias, que no tardan mucho en hacer alguna trastada a los que las tratan mal e intentan echarlas con veneno. Pero para los que sepan tratarlas bien, serán siempre fieles ayudantes, dispuestos a sanar.

Hace ya mucho tiempo, unos agricultores independientes me participaron de esta verdad sin que yo comprendiera su alcance. En 1923/24 yo había construido una gran granja, equipada con todos los progresos técnicos de aquella época. Mi ayudante era un agricultor que había tenido que abandonar las regiones de África del Sudoeste por razones políticas. Al haber estudiado en la escuela de agricultura de Witzenhausen, conocía perfectamente las técnicas de la época. Con ayuda de grandes cantidades de abonos químicos, transformó las antiguas praderas multicolores en verdaderos campos de gramíneas con un rendimiento elevado de proteínas e hidratos de carbono. En aquella época todo esto me satisfacía plenamente.

Un año después, Joseph Schlickenrieder, propietario de una serrería y alcalde del pueblo, había heredado unas cuantas hectáreas de prado. Juzgué que mi deber era atraer la atención sobre los resultados que podían obtenerse gracias a dosis elevadas de abonos químicos. "Vosotros, los que poseéis grandes extensiones, podeís permitíroslo -respondió- ya que siempre encontraréis la manera de pagar al veterinario. Pero nosotros, los campesinos, deseamos que nuestras vacas encuentren dentro de su forraje los medicamentos que les son saludables, o sea los que crecen en nuestros prados, como la salvia, el comino, el salsifí silvestre y las pequeñas margaritas".

¿No desbarata este sencillo campesino toda la teoría mecanicista del siglo XIX? Teoría de la cual yo también era prisionero, bajo la influencia de mis amigos médicos y químicos.

Poco después de 1933, al intentar ayudar a un amigo común, Mercken Schlager, conocí a un consejero agrícola encargado de una propiedad situada cerca de Frising. Él también, siguiendo la norma, había transformado con grandes esfuerzos sus praderas en monótonos campos de dactilo. Sus vacas no debían apreciar este tipo de praderas, puesto que se iban a los prados vecinos para pastar y comerse las hierbas silvestres tan despreciadas. Y cuando se les impedía que irrumpieran en ellos, se levantaban en árboles. Al final se salieron con la suya, no dejándose montar. El encargado, de origen campesino, se acordaba del tiempo en que guardaba las vacas de su padre y aún recordaba las praderas bellamente cubiertas por toda clase de flores silvestres. De manera que fue a buscar las semillas de aquellas hierbas a los campos del vecino, a fin de tener prados floridos. A continuación las vacas pudieron volver a parir.

Más adelante, la ciencia descubrió la causa de la obstinación de las vacas: no pueden utilizar las mejores proteínas ni los mas ricos hidratos de carbono si no tienen en la panza ciertas levaduras silvestres. Y estas levaduras solo se encuentran en el néctar de las fanerógamas, es decir en las hierbas de flores multicolores y no en las gramíneas exclusivamente verdes. Las abejas transportan de flor en flor estos fermentos. Es, pues, necesario que en las praderas las vacas encuentren salvia, campánula, Lychnis y muchas otras plantas. Únicamente en el Todo, sabiamente protegido, se encuentra la eterna fecundidad.


ALWIN SEIFERT: "Agricultura sin venenos o el nuevo arte de hacer compost" Primera edición Biederstein Verlag, Munich, 1971. Colección "Los Libros de Integral", nº 12. Oasis, S.L., 1988. Barcelona. Páginas 81-85.

1 comentario:

Amigo Andrés dijo...

Cordial saludo.

He encontrado una referencia al libro de Seifert en un video de Juan Antón Mora, y buscando en la red encontré esta publicación suya. Parece que no resulta fácil encontrar tan interesante libro, así que, si lo tiene usted en archivo digital, me gustaría obtener una copia. ¿Es posible? Le agradezco por anticipado.

Quedo pendiente de sus noticias. Que tenga buen día.